Ola. Aquí ay una receta de humus y fotos de huno que ice.
¿Quién más se espantó al leer esa oración? Después de que la escribí, la leí y me odié por dos segundos, pero luego me acordé de que hoy no voy a hablar de los horrores ortográficos que leo a diario en el newsfeed del Facebook, sino de los homófonos (y si la miran bien, mi oración tiene perfecta ortografía, solo le faltan mínimos detalles tales como correcto orden gramatical y sentido semántico. Detalles).
¿Qué son los homófonos? Dice la RAE, para no arrancarme con los tarros:
homófono, na.
(Del gr. ὁμόφωνος, de ὁμός, igual, y φωνή, sonido).
1. adj. Ling. Dicho de una palabra: Que suena de igual modo que otra, pero que difiere en el significado; p. ej., tubo y tuvo, huno y uno. U. t. c. s. m.
Más claro echarle agua. Bueno, los homófonos son frecuente causa de confusión y de situaciones chistosas. Diría yo que esto ocurre con más frecuencia en el inglés que en el español. De hecho, el juego de palabras tiene un término coloquial en inglés, pun, que es de un uso considerablemente más frecuente entre los angloparlantes que lo que es para nosotros denominaciones hispanas como “calambur” o “paronomasia” (creo que jamás he escuchado a nadie decir la primera y la segunda suena a procedimiento quirúrgico).
La primera vez que vi el hummus fue en un Trader Joe’s. Estos son un tipo de supermercados en EEUU donde venden, entre otras cosas, comida orgánica y vegana. Son como medio engrupidos, para qué estamos con cosas; los cajeros son hipsters y se ponen creativos poniéndole mensajes y dibujos a los cartelitos de los precios. Estaba en el pasillo de los refrigerados, cuando de repente leo “HUMMUS”.
¿Humus? Qué onda. O sea, hay gente que come cosas que me parecen, por decirlo menos, extrañas, pero ¿compost? Hummus de cilantro, jalapeño, tomate… ¿En serio comen tierra podrida saborizada? Naaah. Por un minuto me quedé plop. No reparé ni un segundo en la pequeña letra que marca la diferencia entre los homófonos “humus” y “hummus”.
El humus es la sustancia compuesta por ciertos productos orgánicos de naturaleza coloidal, que proviene de la descomposición de los restos orgánicos por organismos y microorganismos benéficos (hongos y bacterias).
Es decir, es el nombre que se le da a la tierra producto de una cochina mezcolanza de basura orgánica, llena de lombrices y que se usa para plantar cosas después y no creo que alguien se quiera comer eso.
El hummus, en cambio, es un plato hecho en base a puré de garbanzos característico de la gastronomía del medio oriente y no tiene nada de asqueroso. De hecho es bien rico. Se puede saborizar con distintas cosas y se come como una salsa para untar palitos de apio, zanahoria u otra verdura, papas fritas, nachos, galletas saladas, pan pita, en sandwiches o con lo que quieran. También se puede comer solito, ¡pero sin abusar porque es bien calórico!
Bueno, dicho esto aquí va la receta para hacer hummus y no para el humus. Si quieren humus mejor se compran una compostera.
Ingredientes:
Un día antes... ¡ARGH! Perdón. Me carga cuando las recetas empiezan así o con un “la noche anterior”. No hay nada más latero que disponerse a hacer algo y que te digan que debiste empezar ayer. Si la lata es mucha, venden unos frascos de vidrio con garbanzos listos en el súper, pero para mi eso es como hacer trampa y cuestan caro.
- ½ kilo de garbanzos pelados.
- 1 pizca de bicarbonato
- 2 cucharadas de tahina
- 1 diente de ajo
- 1 chorrito de aceite de oliva.
- Jugo de limón, sal y pimienta (¡espinillas!) a gusto.
Bueno, 24 horas antes, ponga a remojar los garbanzos en agua con una pizca de bicarbonato. Cámbiele el agua a las 12 horas y no le vuelva a poner bicarbonato.
Luego, póngalos a hervir con agua fría. Le aconsejo que tenga como política nunca hervir nada en agua caliente a menos que esté precocido, como el caso de los tallarines o el arroz pregraneado, hágame caso. Una vez que el agua hierva bájele la intensidad al fuego y déjelos cocer por 2 horas aproximadamente, durante las cuales asegúrese de colar la espuma que sueltan de vez en cuando y ¡fíjese que tengan suficiente agua o si no se le quemarán! Si necesitan más, simplemente le echa más, pero tiene que ser agua hirviendo.
Sabrá que están listos una vez que estén blanditos y pueda apretarlos (reventarlos) con los dedos, pero ¡ojo, sin quemarse!. Cuélelos y reserve el líquido de la cocción, es decir, no bote el agüita.
Lo odioso acerca de lo que viene a continuación tras todo este trabajo es que el resto de la receta no toma más de cinco minutos.
Ponga el diente de ajo, la tahina y los garbanzos en la juguera junto con un poco del jugo que reservamos, jugo de limón, sal y pimienta y hágalos puré. Una vez que esté listo vierta en un bowl, rectifique el sabor y échele un chorrito de aceite de oliva encima para decorar el asunto.
Esta receta es la base, se puede comer así o saborizado con merkén, cilantro, pesto, tomate, pimentón y un largo etcétera, que puede poner junto con los otros elementos en la juguera.
En cuanto a la tahina, no es más que una pasta de sésamo, parecida a una mantequilla de maní y que se encuentra en algunos supermercados en esa adictiva sección de “productos del mundo” (peligroso lugar donde aflora mi consumismo en su expresión máxima, de donde siempre me llevo algo que no necesito y donde me quedo pegada al menos 10 minutos). Acá cuesta alrededor de CLP$6.000.- (como US$12). Si, es un poco caro, pero se ocupa de a poquito.
Si no la encuentran o no quieren gastar la plata, simplemente sacan su capucha roja, salen a la calle a quemar una micro y a gritar consignas revolucionarias en nombre de
¡EL HUMMUS DEL PUEBLO!







